Después de parar durante unas horas en Varaždin, quedamos un poco sin energía. La combinación de madrugar y una vuelta en el sol de septiembre nos quitaron las ganas de seguir en el viaje, pero por otro lado, los lagos turquesas estaban por allí, llamando nuestra atención, seduciendo nuestras imaginaciones. Pues, quisiéramos o no, adelante había que ir.