Después de parar durante unas horas en Varaždin, quedamos un poco sin energía. La combinación de madrugar y una vuelta en el sol de septiembre nos quitaron las ganas de seguir en el viaje, pero por otro lado, los lagos turquesas estaban por allí, llamando nuestra atención, seduciendo nuestras imaginaciones. Pues, quisiéramos o no, adelante había que ir.
I wanna turn back time and Go back to the days When there was no doubt in my mind…
Vargas and Lagola – Roads
Hacía mucho tiempo que se le ocurrió esta idea. Yo, obviamente, no estuve presente, pero digamos, que estando con ella tanto tiempo, intuyo las cosas y sé que ella es una persona especial. Sabe disfrutar tanto de la noche bajo las estrellas, mirando el cielo, tumbada al lado de la hoguera, como de un hotel lujoso, con el desayuno preparado, con la gente que te atienda… Sin embargo, aunque al acampar no hay ningún “esclavo” por allí que te trate como princesa, esa sensación de la aventura, de aire puro, de despertarse y ver directamente la naturaleza ganan al lujo. Porque creedme o no (yo lo aprendí gracias a ella en esta ocasión), lo que acabo de mencionar es realmente el lujo.
Una vez navegaba por Facebook, seguramente era un domingo de esos aburridos, cuando llueve, todo el mundo se pone melancólico y entonces para evitar estar solo con su cebeza y razón, prefiere echarse una siestita. De pronto encontró una imagen de un lugar precioso. Había mucha fauna. Todo verde, con unas flores llenas de colores, muy diversas. El sol iluminaba todo el alrededor. En el medio había un lago, no obstante, era especial, porque su agua tenía color como si tres millones pitufos se hubiera bañado allí. Un color tan extraño. Turquesa. ¿Cómo puede ser esto? ¿Dónde estarán los lagos de tres millones pitufos?
No tardó mucho en encontrar la respuesta correcta. De hecho, bastaba girar la mirada hacia los comentarios. Los Lagos de Plitvice. Croacia.
¡Andiamo, allí vamos!
Bar empezó a buscar entre su gente algunos órganos que se apuntarían con ella para emprender ese viaje bajo sus condiciones: road-trip, tienda de campaña, chill, buena música. ¿Creéis que tenía que ser fácil de encontrar a alguien? Pues, no. La gente es imbécil. Todos dicen como les gusta la aventura, no sé qué, no sé cuántas, pero cuando llegamos al grano, de repente todo el mundo ya es “demasiado adulto, maduro y viejo” para dormir en una tienda. Porque aguantar unas cuantas noches sin que su culito esté comodico es algo impensable .

Al final un cincuentañero bastante intranquilo tomó las riendas y dijo “andiamo, ragazza”. Era por los tiempos viejos, era por recordar aquellos momentos cuando iban con su panda de amigos a acampar, con las latas de atún, de paté, muchos litros de alcohol y una guitarra. Se lleva genial con su hija, de hecho, tienen una relación muy amigable, entonces pensaba que de verdad el viaje podía ser como anteriormente con sus colegas.
Y así fue. La música rock a tope, para reventar los oídos. Hablando de todo y de nada.
Al bajar de la autopista, pasábamos por unos pueblos que aparentaban abandonados. De vez en cuando aparecían unas casas que ofrecían el alojamiento durante la noche, pero la verdad, a nosotros nos importaban un carajo. ¡Que estemos ya, por favor!
Ni siquiera nos dimos cuenta de que íbamos atraversando Slunj – bueno, miento, es imposible no fijarse en lo espectacular que es ese pequeño pueblo. De todas formas, nos dijimos “ya volveremos”, dejando así una promesa, todavía más sagrada que la del matrimonio, en el aire.
Quedan 20 km. 19. 18…
“Sinceramente, estoy reventado,” dijo el papá de Bar, “creo que me he sobrecargado con lo de madrugar, conducir más de 8 horas, encima la vuelta por allí…”
“Espabila, queda muy poco, ya descansaremos,” lo animaba Bar.
“Al pasar 1 km, gire a la izquierda y llegará a su destino.” De pronto anunció la navegación. Dios mío, que nervios, ¡ya estamos! ¡Qué ilusión! Mi niña está casi a punto de cumplir un sueño.
Llegamos al camping Korana, bastante cerquita del parque nacional. Eran las seis de la tarde, el solecito todavía besaba la piel pálida de mi amiga. Para aprovechar todavía sus servicios de iluminación, la scout de la familia, entrenada por los líderes estrictos, anunció: “Papá, siéntate, yo haré la tienda. Descansa.” “Tampoco lo quería hacer yo, pero ya que insistes,” dijo y se encendió el cigarrillo con la tranquilidad del caballero inglés.

Por favor, no lo ataquéis, él es feminista, solo que conoce a su hija, ella tampoco lo dejaría tocar su tienda de campaña. Es que es lo suyo. Radko mientras tanto preparó algo para celebrar el buen fin de viaje y para darles él mismo la bienvenida en el parque nacional – dos chupitos, uno para él, otro para Barbora. No, no me molesta, que me excluyeron, que tampoco me gusta Jameson… Encima… No sé por dónde lo bebería. Touché.

A la primera vista, el camping me cayó genial. Lo tenía todo. Ducha en condiciones geniales, supermercado con más Jameson y más comida, enchufes por todos los lados… Y lo más importante, unas salchicas caseras a la parrilla de los que soñamos hasta ahora.
Me pregunto si las comeremos algún día más…
Anocheció. Bar y su papá se sentaron como dos jubilados delante de la tienda en unas sillas de los pescadores, mirando hacia nada, hablando de la política, con mucha curiosidad de lo que los esperaba al día siguiente. ¿Serán los lagos de verdad tan bonitos? ¿O era solo un truco de las tecnologías, de ese maldito photoshop, que sabe colorearlo todo para que aparente todavía más guapo? Sí es así, me cago en su… leche, por ejemplo.
A ver, ya veremos…

Buenas noches.


