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#PlitviceLakes: Pasos detrás de Winnetou, parte dos

La verdad es que subió al bus un club geriátrico de abuelitos, tres o cuatro princesas de Instagram con sus faldas y chaquetas de vaqueros acompañadas por sus novios que siempre tenía una cámara colgada en su cuello para sacarle a su querida las mejores fotos para las redes sociales. Y luego nosotros. Con los impermeables, pero aún así mojados hasta el último hilo de nuestra prenda, cansados un poco, pensando en qué podríamos hacer después de salir del parque, ya que aparentemente nos acercábamos al final de la aventura de los apaches. El viaje tardó unos diez minutos, más o menos era el resumen de lo visto.

“Podíamos haber cogido el bus antes y no teníamos que haber acabado mojados como unos imbéciles, jaja, ¿a qué sí?” soltó de broma el Creador. La respuesta de la hija era solo una mirada bastante firme, aquella que si pudiese, mataría.

Bajamos del bus en la estación uno, había solo un edificio grande, por debajo del techo se colocó ese club de jubilados para dejar descansar un poco sus articulaciones y tomar trescientas mil píldoras.

“ ¿Vamos por allí?” preguntó Bar, señalando un camino que iba hacia abajo. “Dios, pero entonces si bajamos, significa que tendremos que subir luego,” lanzó otro medio chiste el padre. “Algo me dice que sí. No sé porqué tengo esa sensación…” “Espero que al hacerte este favor, no me meterás en la residencia de los jubilados…” “Hm, un día seguramente sí, pero quizás si me haces este favor y bajas sin quejarte, te meteré allí un mes más tarde de lo previsto,” respondió con mucho cariño la hija.

Bastaba con andar unos cinco minutos, ni eso, y ya entendieron porqué no había casi nadie en la parte anterior. Lo que se les develó, aunque estaba casi tan lleno como el Puente de Carlos en Praga, era una maravilla. No. Lo siguiente. El verde que te quiero verde. El turquesa marcado por las hojas verdes. Las rocas majestuosas. Las cascadas grandísimas. El murmullo de agua. Y la banda sonora de Winnetou en nuestras orejas.

Conforme íbamos descendiendo las escaleras, con cada paso Zobko paraba para congelar esa imagen para siempre. Para grabarla en su mente y no dejarla ir nunca más. “Dios mío, el photoshop no me va a creer esta maravilla,” se le ocurría.

Imbécil. Esto no necesita ningún photoshop.

Me quedé un poco flipando de que acabáramos en un atasco. De verdad. No os miento si os digo que los semáforos naturales serían una idea bastante revolucionaria para este parque, porque el tráfico es peor que en la capital por la mañana durante los días laborales. Obviamente, toda la Asia estaba allí mudada y con sus cámaras demasiado profesionales estaban sacando las fotos de todo y de nada. Un profesional diría al ver a esos japoneses sacando las fotos, que ni siquiera estaban mirando en el visor que acababan de grabar.

Luego, todos los influecers de instagram necesitaban tener allí una serie de fotosesiones para tener un número de followers más elevado.

Y los normales, nosotros, ni siquiera tuvimos el tiempo de darnos cuenta de ese placer de respirar tranquilamente bajo las cascadas, dejar de sonar toda la banda sonora de Winnetou en nuestros oídos, ni siquiera nos dio tiempo darnos cuenta de la suerte que teníamos de estar allí y ver algo tan magnífico, lleno de colores pese a un día muy malo, algo tan llamativo y memorable.

Sinceramente, lo que me encantaría de verdad es sentarse con calma allí, en el culo, en el suelo, y solo mirar, ver la caída del agua desde arriba. Como ver la televisión. Netflix. A Zobko le encantaría pararse, grabar los vídeos, el slow-motion, las fotos con larga exposición, con corta exposición. Probarlo todo. Con efecto, sin efecto. PERO NO, porque había allí la gente de todo el mundo esperando hasta que los bandos asiáticos destruyeran las fotos de todos en el fondo.

Nos tuvimos que marchar rápido, porque la cola parecía cada vez más larga. Bar se despidió de los lagos azules, de la flora brillante del alrededor con mucha prisa, promitiéndose a sí misma que un día seguramente iba a volver. Esta vez con el sol. Y yo ya me apunté para acompañarla.

A la vuelta nos fascinaban las personas que andaban por delante de nosotros. En sandalias. En mocasines. En bailarinas.

Y nosotros gilipollas, con los zapatos de turismo, con los impermeables puestos.

Y ahora piensa, ¿quién es el imbécil real?

Mis queridos aventureros iban subiendo de vuelta, sin hablar. No les quedaban palabras. Tampoco les quedaba el tiempo, porque de pronto de puso a llover triple más tanto de lo que llovía. Casi subían corriendo. En ese momento Barbora giró hacia su padre, que la seguía, teniendo miedo que al llegar hasta el coche, le iba a pegar un par de hostias por ir corriendo. Pensaba que iba a tener aquella mirada firme de matar. Pero él subía, sin los comentarios sarcásticos, sin el odio en los ojos, tranquilo.

El aparcamiento. Se cambiaron la ropa, se sentaron en el coche y por primera vez se miraron en los ojos.

ESTO. HA. SIDO. DE. PUTA. MADRE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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#PlitviceLakes: La decisión de Sofia

El otro día estuvimos flipando que nadie en el mundo occidental conoce Winnetou. El héroe de los libros de Karl May, posteriormente protagonizado por Pierre Brice. El apache, el indígena con la mirada firme, el cabello brillante como si usase H&S, decorado con un penacho indio. ¡Vamos, chicos, es que Winnetou es una leyenda! Se hermandad con Old Shatterhand es tan hermosa, emocionante. ¿No os parece? Oh, claro, no los conocéis. Chicos, esos dos se cambiaron hasta la sangre… Eso sí que es una amistad de cien mil puntos, ¿no? La mayoría de la gente haría “Ewww”.

Fuente de la foto: https://www.tourism-review.com/winnetouland-in-croatia-commemorates-famous-apache-hero-news1690

Bueno, da igual ahora Winnetou, retomamos nuestra aventura de los lagos croatas.

No os voy a mentir. Mientras Barbora con su padre dormían en el suelo, doblados en la colchoneta, yo dormía cómoda, estirada en los asientos de nuestro coche, como una princesa. Zobko, la cámara también descansaba tranquilamente a mi lado. Jeje, qué los aventureros disfruten de su tienda, muhahahha.

De pronto escuché golpes. Empezaban poco a poco, pero la intensidad subía cada vez más. Nooo. No puede ser. ¿Cómo que llueve? ¿Pero que hemos viajado tanto para la lluvia? ¿En serio? ¡Me cago en las mochilas de senderismo!

Tuvimos las entradas para entrar al parque nacional para las ocho. Y la lluvia estaba tomando las riendas muy agresivamente. A las seis de la mañana, aunque supuestamente ya debería haber luz, la oscuridad dominaba el camping Korana. “ ¡JODER! ¡ME CAGO EN TODO!” se oyó de la tienda. Sonaba como el padre de Barbora. Al instante le respondía una voz medio dormida: “ ¿Qué pasa?” “Está lloviendo como si alguien hubiese tirado millones cubos de agua. Vamos, eso no es ni lluvia, ni siquiera ves un metro adelante…” “ ¿Estás de coña?” se le escapó a Bar. “Ojalá. ¿Qué vamos a hacer? He mirado el tiempo, supuestamente en dos horas se debería tranquilizar un poco, pero tampoco mucho. Va a llover todo el día. TODO EL DÍA.” “Si me intentas decir que hemos llegado para nada, me corto las venas.”

Sentados media hora en el coche, todos juntos, intentábamos a llegar a alguna conclusión. Irnos. Esperar. Estar por allí, y a ver si se mejora el tiempo en un día, dos…

¡Las putas leyes de Murphy! (Siento mucho mi vocabulario, es que me daba pena por nosotros. Me emocioné mucho. Encima fue mi primera aventura y ya se cagó…)

“Supuestamente la lluvia tardará tres días. Pero solo en esta zona. En plan, desde las fronteras hasta Zadar más o menos,” googleaba Bar.

“Tampoco tengo tantos días libres en mi trabajo. Y no voy a ir más allá de Zadar solo para aprovechar el tiempo.”

“Entonces qué? ¿Quieres volver?” Le preguntó mi amiga, esperando el “no”, esperando cualquier respuesta más optimista a la de “volveremos a Eslovaquia, esto no tiene ningún sentido”. Que no responda eso, por favor. Estaba rezando hasta yo, aunque no pueda unir mis manos para llevarlo a cabo tal como se debe.

Silencio.

Lagos de Plitvice en lluvia, tecleaba Barbora en el buscador de Google. “Aunque llueve, los lagos son preciosos aún así. ¡No os dejéis desanimar!” “Nosotros llegamos justo en la época de las lluvias. Al principio estábamos muy tristes por aquello, porque somos una pareja de mayores y además viajamos desde Estados Unidos solo para verlos. Teníamos miedo que no podíamos andar bien. Al final decidimos hacer el senderismo a pesar de que tiempo no era ideal y no nos arrepentimos nunca. Los caminos están bien hechos, hasta para las abuelitas que se temblan como yo, hihi.” “Los lagos de Plitvice, hermosos tanto con el sol como con la lluvia.” Leía en voz alta mi colega, deseando cambiar la opinión de su padre.

“Pero chiqui, que yo no quiero ir a casa, yo tengo claro que ya que conducí para llegar aquí más de ocho horas, ya me quedo y lo hacemos. ¿Acaso pensabas que me quería ir?”

OLEEEEEEEEE, esas sí que son las palabras de un aventurero verdadero.

Madre mía, madre mía, it’s happening.

Apuesto mi riñón, pese a que no tengo ninguno, a que Winnetou con Old Shatterhand tampoco se dejaran desmotivar con la maldita lluvia. Mis queridos apaches decidieron mear contra el viento, como dirían los eslovacos, y también emprenden el viaje. ¡Estoy muy orgullosa de ellos! Zobko empezó a saltar hasta tres metros hacia arriba. Se emocionó tanto que hasta se puso nervioso y no quería encenderse. Amigo, hay que espabilarse, hay que sacar el lado bonito de toda esta experiencia.

La verdad que le entiendo. Tenía una tarea muy fuerte. Sacar lo mejor de los lagos en sus tiempos de mal humor. De la depresión. De la oscuridad. Pero yo confiaba en él.

Los aventureros se prepararon para seguir los pasos del apache y su hermano blanco. La fruta, los bocadillos, botellas llenas de agua, el paté, el cuchillos suizo, el botellín pequeño de Jameson, los impermeables… Listos.

Entraron en el coche como unos men in black, limpiaron las gafas de miopía y arrancaron. La próxima parada en 8 km, en la puerta del parque.

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#PlitviceLakes: Llegando a la Korona… Perdona… Korana Camp

Después de parar durante unas horas en Varaždin, quedamos un poco sin energía. La combinación de madrugar y una vuelta en el sol de septiembre nos quitaron las ganas de seguir en el viaje, pero por otro lado, los lagos turquesas estaban por allí, llamando nuestra atención, seduciendo nuestras imaginaciones. Pues, quisiéramos o no, adelante había que ir.

I wanna turn back time and Go back to the days When there was no doubt in my mind…

Vargas and Lagola – Roads

Hacía mucho tiempo que se le ocurrió esta idea. Yo, obviamente, no estuve presente, pero digamos, que estando con ella tanto tiempo, intuyo las cosas y sé que ella es una persona especial. Sabe disfrutar tanto de la noche bajo las estrellas, mirando el cielo, tumbada al lado de la hoguera, como de un hotel lujoso, con el desayuno preparado, con la gente que te atienda… Sin embargo, aunque al acampar no hay ningún “esclavo” por allí que te trate como princesa, esa sensación de la aventura, de aire puro, de despertarse y ver directamente la naturaleza ganan al lujo. Porque creedme o no (yo lo aprendí gracias a ella en esta ocasión), lo que acabo de mencionar es realmente el lujo.

Una vez navegaba por Facebook, seguramente era un domingo de esos aburridos, cuando llueve, todo el mundo se pone melancólico y entonces para evitar estar solo con su cebeza y razón, prefiere echarse una siestita. De pronto encontró una imagen de un lugar precioso. Había mucha fauna. Todo verde, con unas flores llenas de colores, muy diversas. El sol iluminaba todo el alrededor. En el medio había un lago, no obstante, era especial, porque su agua tenía color como si tres millones pitufos se hubiera bañado allí. Un color tan extraño. Turquesa. ¿Cómo puede ser esto? ¿Dónde estarán los lagos de tres millones pitufos?

No tardó mucho en encontrar la respuesta correcta. De hecho, bastaba girar la mirada hacia los comentarios. Los Lagos de Plitvice. Croacia.

¡Andiamo, allí vamos!

Bar empezó a buscar entre su gente algunos órganos que se apuntarían con ella para emprender ese viaje bajo sus condiciones: road-trip, tienda de campaña, chill, buena música. ¿Creéis que tenía que ser fácil de encontrar a alguien? Pues, no. La gente es imbécil. Todos dicen como les gusta la aventura, no sé qué, no sé cuántas, pero cuando llegamos al grano, de repente todo el mundo ya es “demasiado adulto, maduro y viejo” para dormir en una tienda. Porque aguantar unas cuantas noches sin que su culito esté comodico es algo impensable .

Al final un cincuentañero bastante intranquilo tomó las riendas y dijo “andiamo, ragazza”. Era por los tiempos viejos, era por recordar aquellos momentos cuando iban con su panda de amigos a acampar, con las latas de atún, de paté, muchos litros de alcohol y una guitarra. Se lleva genial con su hija, de hecho, tienen una relación muy amigable, entonces pensaba que de verdad el viaje podía ser como anteriormente con sus colegas.

Y así fue. La música rock a tope, para reventar los oídos. Hablando de todo y de nada.

Al bajar de la autopista, pasábamos por unos pueblos que aparentaban abandonados. De vez en cuando aparecían unas casas que ofrecían el alojamiento durante la noche, pero la verdad, a nosotros nos importaban un carajo. ¡Que estemos ya, por favor!

Ni siquiera nos dimos cuenta de que íbamos atraversando Slunj – bueno, miento, es imposible no fijarse en lo espectacular que es ese pequeño pueblo. De todas formas, nos dijimos “ya volveremos”, dejando así una promesa, todavía más sagrada que la del matrimonio, en el aire.

Quedan 20 km. 19. 18…

“Sinceramente, estoy reventado,” dijo el papá de Bar, “creo que me he sobrecargado con lo de madrugar, conducir más de 8 horas, encima la vuelta por allí…”

“Espabila, queda muy poco, ya descansaremos,” lo animaba Bar.

“Al pasar 1 km, gire a la izquierda y llegará a su destino.” De pronto anunció la navegación. Dios mío, que nervios, ¡ya estamos! ¡Qué ilusión! Mi niña está casi a punto de cumplir un sueño.

Llegamos al camping Korana, bastante cerquita del parque nacional. Eran las seis de la tarde, el solecito todavía besaba la piel pálida de mi amiga. Para aprovechar todavía sus servicios de iluminación, la scout de la familia, entrenada por los líderes estrictos, anunció: “Papá, siéntate, yo haré la tienda. Descansa.” “Tampoco lo quería hacer yo, pero ya que insistes,” dijo y se encendió el cigarrillo con la tranquilidad del caballero inglés.

Barbora construyendo la tienda de campaňa.

Por favor, no lo ataquéis, él es feminista, solo que conoce a su hija, ella tampoco lo dejaría tocar su tienda de campaña. Es que es lo suyo. Radko mientras tanto preparó algo para celebrar el buen fin de viaje y para darles él mismo la bienvenida en el parque nacional – dos chupitos, uno para él, otro para Barbora. No, no me molesta, que me excluyeron, que tampoco me gusta Jameson… Encima… No sé por dónde lo bebería. Touché.

A la primera vista, el camping me cayó genial. Lo tenía todo. Ducha en condiciones geniales, supermercado con más Jameson y más comida, enchufes por todos los lados… Y lo más importante, unas salchicas caseras a la parrilla de los que soñamos hasta ahora.

Me pregunto si las comeremos algún día más…

Anocheció. Bar y su papá se sentaron como dos jubilados delante de la tienda en unas sillas de los pescadores, mirando hacia nada, hablando de la política, con mucha curiosidad de lo que los esperaba al día siguiente. ¿Serán los lagos de verdad tan bonitos? ¿O era solo un truco de las tecnologías, de ese maldito photoshop, que sabe colorearlo todo para que aparente todavía más guapo? Sí es así, me cago en su… leche, por ejemplo.

A ver, ya veremos…

Antes de apagar la linterna y dormir. Jaja.

Buenas noches.

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#PlitviceLakes: Varaždin y su bola de paja

¡Arranca el Pekín Express!

Todos los presentadores de Pekín Express

Siempre me lo digo antes de irme de viaje. De hecho… Antes de este viaje ni siquiera me dio tiempo a decírmelo. Vaya.

Todo era muy repentino. Como ya mencioné, estuve descansando en la estantería en mi tienda, donde las horas eran interminables cuando de pronto llegó el golpe fuerte sobre el escaner y ya estuve en el maletero. Fue literalmente una cita forzada, ni siquiera me arreglé, pero no sé porqué, no sé cuándo, nos caimos muy bien con mi nueva dueña a la primera vista y ya nunca jamás se me ocurrió llamarla así. Ahora es Bar, es mi amiga. Mi mejor amiga.

Llegamos a una de nuestras bases, la casa original de Barbora. Allí metió unos cuantos chandales, camisetas, alguna cosmética, su gorra de streetstyle, las botas de senderismo y me puso de pie en el pasillo. “¡Vamos!” Gritó el padre de Bar. Ella me cogió por el brazo y yo en este momento sentí que le podía confiar en todo. Estamos aquí una para la otra. Arrancamos.

I am on the Hiiiiiiighway to HELL! Pam PAM! Hiiiiiighway to Hell.

Highway to Hell, ACDC
Los aventureros: Barbora con su papá a las cinco de la maňana.

Sonaba en el coche, las ventanillas bajadas, cada uno moviendo con su cabeza como si asintiera cada una de las palabras que gritaba el cantante de ACDC. El pelo de Bar volaba en el aire, tan solo la gorra de streetstyle le daba un poco de forma. Eran las cinco de la mañana, el cinco de septiembre. Se alteraban las canciones de rock, una tras otra, el estado de ánimo cambiaba con el ritmo de los beats que indicaban las canciones. Además, para ser sincera, la hora era muy temprana, pero teniendo en cuenta de que teníamos previsto llegar a Croacia desde Eslovaquia para aprovechar también algo del día, no nos quedaba otra. Y en la buena compañía merece la pena madrugar. Y para las aventuras todavía más.

El viaje era tan suave que nadie se fijaba en que íbamos cruzando las fronteras de Hungria, Eslovenia y… CROACIA. ¡Allí vamos nosotros!

Barbora, encargada de ser la DJ, para subir el ánimo y la esperanza en nuestros corazones, ponía los temazos de rock. Ya no había duda ninguna que nos lo íbamos a pasar de puta madre.

Alguien nos había recomendado de hacer la parada en Varaždin, una ciudad en el norte de Croacia, bastante cerca de la fronteras, de camino a nuestro destino final. ¿Y por qué no? El único plan que teníamos fijo era la visita del parque nacional de Plitvice al día siguiente y también teníamos cinco días disponibles para “lo que surja”. Lo que nos salga de… ¡cabeza!

Varaždin es una ciudad donde… ¿Cómo decirlo? Hm… Dejadme pensar…. ¡Os lo describo! ¿Sabéis como en las películas de oeste para señalar que no hay literalmente nada, al soplar un poco el viento, de repente aparece una bola de paja volando por delante del protagonista? Pues, era básicamente eso. Nosotros. Una ciudad pequeña, en teoría muy mona, con los edificios barrocos y una arquitectura clara. Limpia. Tranquila. Sofisticada.

Varaždin es la capital de la provincia. Está ubicada cerca del río Drava. A lo largo de la historia se ha formado en un lugar industrial, ahora es una de las ciudades de seda de mejor calidad. Además de esto, como he mencionado, hay muchos edificios barrocos dentro de lo cual cabe mencionar el Teatro Nacional Croata, diseñado por los arquitectos austríacos Herman Helmer y Ferdinand Fellner. La ciudad tiene hasta ahora las bases militares, por lo tanto, una de los eventos “must-see” es la alteración de las guardias de la ciudad, denominadas Purgari.

Dando una vuelta por allí, nos fascinaba la tranquilidad del alrededor. La verdad es que se podía apreciar el silencio. Si uno quiere vivir en una ciudad donde lo tiene teoreticamente todo, pero tampoco hay mucha movida, quiere quedarse tranquilo con sus pensamientos e ideas, o quizás solo con su media naranja, con la que irá de vez en cuando a disfrutar de buen tiempo y clima croata a las calles – pues Varaždin es el perfecto lugar para esa persona. Pero si eres un elemento hiperactivo como Bar, o yo a su lado… Date una vuelta por allí, come y vete.

Hablando de la comida. Nos encanta a toda la tripulación, por eso en cada viaje buscamos un cielo en la boca. ¿No entiendes? Buscamos la comida que nos deje sin palabras. Sabrosa. Rica. Buenísima.

Los croatas son unos campeones en la barbacoa. O por lo menos para mí. No nos dejamos escapar su plaato típico “plieskavica”, un tipo de carne a la parrilla. Con salsas, con su pan especial. Os juro que el restaurante me hizo a pensar que quizás me podría quedar hasta una semana en Varaždin. Pero al bajarme una cervecita negra, Karlovačko, con cerezas, me lo volví a pensar.

Es que nos esperan Plitvice, hay que seguir…

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Érase una vez una maleta…

Por qué la maleta de color manzana?

I haven’t been everywhere, but it’s on my list.

(No he estado en todos los lugares, pero ya lo tengo en mi lista.)

— La maleta de color verde manzana.

Seguramente te preguntas ahora porqué demonios estás leyendo la autobiografía de una maleta… Te respondo: Porque soy de pu… porque soy maravillosa. Admítelo, el color manzana es alegre, llamativo, extrovertido, atractivo, vivo… Y podría continuar con los adjetivos que llevan mucha fuerza y entusiasmo, pero creo que te las puedes imaginar.

Cómo surgió toda esta locura por los lugares nuevos? Fue una coincidencia pura! No me lo crees? Pues mira: estuve en la tienda, descansando tranquilamente. Llevaba allí casi siglos, la verdad es que después de un día en la estantería dejé de contar las horas interminables. Y de un día al otro: pumbaaaa. Alguien me agarró rápidamente, ni me dio tiempo decirle adiós a mis compadres, a la maleta azul, a la maleta negra, etc. Una barbaridad, vamos. De golpe me caí en la caja. Escuché como me escaneaban y ya. No sabía dónde me llevaban, si a Azcaban o a Shawshank. Tardé tres horas en descubrir que ahora en realidad empieza mi vida. Y que va a ser una vida estupenda!

Así me conocí con ella. Con mi amiga Barbora que me acompaña en todas las aventuras. Me lleva por la mano, me presta su confianza, me convierte en una persona normal y corriente. Se fía de mí. Y eso significa mucho para una maleta. Además de ella, siempre, sin ninguna excepción, anda con nosotras Zobko, la cámara, que documenta lo que vivimos.

Poco a poco me enteré de lo ocurrido aquel día. La maleta anterior, una cabrona roja, se rompió justo tres horas antes del viaje. Barbora no tenía previsto comprar nueva maleta, fue un imprevisto enorme en el presupuesto para el viaje… Estaba desesperada, andaba por el centro comercial, pero había solo unas maletas demasiado caras, además, según el aspecto no tenían pinta de saber pasárselo bien en los viajes. Eran esas maletas posh que no tienen el espíritu bohemio y salvaje. De pronto me encontró a mí. Una maleta de color. Alegre. Loco. El verde representa la felicidad. Y piensa: el cuadrifolio es verde también! La suerte! Quién no necesita la suerte en el viaje?

Siempre había sido outsider del grupo. Todo el mundo anhelaba tener las maletas con estampas o aquellas pijas. Nadie se fijaba en una maleta payasa, nadie veía ese valor de felicidad que está dentro de mi alma. Hasta que nos encontramos nosotras.

Descubre nuestras aventuras. A ver si te atreves a unirte. 😉

#PlitviceLakes: Las sorpresas (des)agradables

Mi casa, su casa.

El plan original era este: Nuestros aventureros querían quedarse en Croacia unos 5 días. Después de la caminata alrededor de los lagos turquesas querían irse al oeste del país para disfrutar del sol y mar. Para dejar descansar sus músculos. Sin embargo, como diríamos en Eslovaquia, dile a Dios tus planes y hazle reír.

Creo que no solo le hicimos reír, sino se meaba de risa.

A lo largo de la noche empezó una tormenta de mil diablos. El Creador estaba muy preocupado por estar en la tienda de campaña al llover tanto. No estaba seguro de si se iban a encontrar en el mismo sitio, en el mismo camping, en el mismo pueblo, ni siquiera en el mismo país al día siguiente. Pensaba que los iba a llevar el viento. Al girarse hacia su hija, la veía durmiendo como un bebé, completamente sin molestia alguna por la tormenta. Tranquilamente descansaba en su saco de dormir, el Creador incluso empezó a sospechar si acaso Bar estaba muerta o algo parecido, porque nunca la veía dormir así en calma.

Radko no podía dormirse. Le daba muchas vueltas a todo. ¿Y si nos mata un relámpago? ¿Y si se cae un árbol por encima de la tienda de campaña?

Eran las dos de la noche. Barbora se giró al otro lado. El Creador no paraba de cabrearse por no poder conciliar el sueño, por estar preocupado por ellos, por darle pena que igual no iban a ir al mar. De pronto, se escuchó un trueno muy fuerte, la tierra se movió por debajo de él. “¡Ya está! ¡Me piro!” tomó la decisión final el padre. Empezó a abrir el saco de dormir, cuando se fijó que su hija medio-abrió sus ojos y susurró: “Te vas al baño en este tiempo?”

  • “¡NO! ¡Me voy al coche! ¡Aquí no se puede dormir!” respondió chillando Radko.
  • “Vale, buenas noches,” soltó Bar y volvió a cerrar sus ojos.
  • “¿Tú no vienes?” preguntó preocupado el padre.
  • “Yo estoy acostumgbhdfs.”
  •  “Tú qué?
  • “Yo sfsfkjre,” refunfuñaba Barbora. Los científicos estadounidenses sospechan que en aquel momento quería expresar que ella estaba acostumbrada a dormir en la tienda de campaña durante las tormentas, gracias a sus tiempos bonitos pasados en los campamentos de scout.

El padre estaba lleno de miedo por ella, pero es que ella no colaboraba y parecía estar tranquila. Además, su lumbar lo estaba matando, no tenía fuerza para sacarla de la tienda de campaña. Estoy viejo para estas mierdas, repetía en su cabeza. Volvió a decir en voz alta “ME VOY AL COCHE”, pero Barbora seguía frita. Al abrir la cremallera en la tienda, Barbora empezó a manifestar los signos de la vida de nuevo. MENOS MAL, no es imbécil y se viene al coche también, se calmó el padre. Pero no, Barbora tan solo se sentó, abrió su saco de dormir, abrió un bolsillo dentro de su saco, sacó su teléfono móvil y se lo pasó a su padre.

  • “Me lo llevas al coche si te vas pa’llá?” dijo Barbora y volvió a tumbarse.

Mi niña es subnormal, pensó en ese momento el padre. Bueno, por lo menos no llevaba nada de metal puesto y el móvil se lo dejó. Si no va a mover demasiado, no debería pasarle nada. Entonces se unió a mí y a Zobko.

En el coche tampoco tenía un sueño de maravilla. No es que yo o Zobko roncáramos, sino que se despertaba cada dos por tres para controlar si la tienda seguía en su sitio. A las 6 de la mañana se fijó que su hija iba al baño. Seguía lloviendo mucho, pero Barbora parecía como si no le afectara de ninguna manera. El Creador flipaba con ella, siempre se acordaba de ella como de una “princesa” en los vestidos y faldas. Ahora la veía como una mujer que convivía con la naturaleza de manera super natural. Al regresar pasaba por el coche:

  • “¿Qué tal?” Preguntó.
  • “Bien, pero pedimos en Wish un buen tiempo y nos trajeron algo diferente de lo pedido,” replica Radko.
  • “Jajaja, es lo que suele pasar conmigo. Las leyes de Murphy, jajaja,” se ríe la hija.
  • “Entonces… ¿Qué hacemos?”
  • “A ver, déjame ver el tiempo para hoy y para mañana. Hostia… En esta zona va a llover y haber tormentas fuertes hasta la semana que viene. Pero tengo una buena noticia, debajo de Zadar hace muy buen tiempo. Treinta grados, solecito…”
  • “No vamos a ir a Split o dónde sea hacia el sur para echarnos dos veces al mar, Barbora.”
  • “Cierto, no tiene ningún sentido. Entonces…”
  • “¿Entonces?”
  • -“Nos vamos a ir casa,” concluyó Bar.

#PlitviceLakes: Cuando ya no quedan palabras

Entonces, ¿dónde lo dejé en aquel momento? Ah, ya me acuerdo. Os conté cómo Bar, su padre, Zobko y yo salimos del parque nacional. Al llegar al coche, mojados hasta el último hilo, nos cambiamos ropa y nos sentamos en el coche. Tardamos un par de minutos hasta arrancar el coche, simplemente porque lo que sentíamos por dentro era literalmente un éxtasis.  Una satisfacción enorme, una gratitud. Nos sentíamos bendecidos por haber podido ir por detrás del apache Winnetou.

Radko giró la llave y de pronto salieron del aparcamiento.

“¿Qué piensas?” pregunta el padre. “Buah, es que no me quedan palabras,” respondió Bar, abrazando su cámara, echando un vistazo a las capturas tan preciosas que había sacado en el parque nacional. “A qué sí? Pero de verdad me parece raro que ahora no hables. ¡Se te acaba de cumplir un sueño! ¿Qué sientes?” “Felicidad. Una felicidad tan fuerte como nunca antes en mi vida.”

Si os dais cuenta, es muy fuerte sentir algo así teniendo en cuenta todas las cosas bonitas que pasan en la vida de una persona. Primeros amores, pasar momentos con tus mejores amigos, alcanzar grandes cosas… Pese a todos aquellos momentos tan hermosos que le sucedieron en la vida de mi amiga, ella sentía algo tan fuerte que se atrevía a llamarlo una felicidad como nunca antes.

Los aventureros pararon en un restaurante para comer, para recargar las baterías después de todo el día de senderismo. En el restaurante comiendo chuletas como unos cerdos desgraciados apenas pronunciaron una palabra. Pagaron, se levantaron y siguieron en su viaje al camping.

No sé si os ha pasado alguna vez, pero Bar siempre al acabar alguna de sus rutas se pone filosófica. Quién somos, adónde vamos, por qué vivimos. Mira una y otra vez las fotos que ha sacado y a veces se pone nerviosa por no haber repetido alguna foto y por haber tenido prisa. A veces se empieza a odiar por no haber llevado un trípode.

Al llegar a su tienda de campaña, sacó las sillas de pescadores delante de su alojamiento de cinco estrellas, sacó dos cerveza, una botella de whiskey y se sentó allí, respirando el aire fresco de la naturaleza. En breves se unió al plan de chill y cervezas su Creador. Seguían los dos sin decir algo. No hacía falta.

Al caerse la tercera cerveza y el segundo chupito de whiskey, por fin encontramos palabras.

“Tío, la primera parte era hermosa y no me arrepiento haberla visto, pero… ¿los lagos turquesa? O sea… Si tengo que imaginarme un día como es el paraíso, digo directamente Plitvice. Es que..” intentaba explicarse Barbora. “Estoy intentando buscar porqué es tan turquesa,” Creador miraba su móvil y googleaba. “Será porque contiene algún elemento químico…” “Seguramente, pero quiero saber cuál.” Llevaban una hora recapitulando su día. “Tía, pero te juro que ya quería irme a casa después de la primera parte, es que era un agobio enorme con tanta lluvia. Pero no te lo quería decir, porque me matarías. Pero luego me espabilé porque me di cuenta de las horas que había conducido solo para llegar a este sitio y me daba pereza acabarlo tan temprano.” “Yo misma ya te iba a proponer de volver al camping porque te veía con una cara que me querías desheredar,” respondió Bar. Zobko y yo solo estábamos callados allí, sin comentar nada. “Ya, es que lo estaba pensando en aquel momento,” tomó una calada el Creador y miraba hacia el cielo lleno de estrellas.

Menos mal que no hubiesen vuelto. Les hubiera pegado. Mucho.

Seguían charlando un par de horas más, cuando empezaron caer unas gotas de lluvia. Por tanto, decidieron de finalizar esta reunión post-viajera y se metieron a la tienda de campaña. Esperando al nuevo día y a la nueva aventura.

#PlitviceLakes: Pasos detrás de Winnetou, parte uno

No solo el Parque Nacional contenía unos lagos, sino también el aparcamiento. Al bajarse del coche, la pata de Barbora entró en un charco bastante profundo, así que lo único que se escuchaba a las ocho menos cuarto de la mañana,  en una naturaleza tan hermosa era: ¡Me cago en la leche! ¡Mierda!

Qué idílico…

Menos mal, existe la impregnación de los, así que no pasó realmente nada, solo Barbora a veces un poco exagerada.

“¿Cuánto piensas que vamos a tardar en recorrerlo todo?” preguntó con mucha ilusión mi amiga, tomando un trago de café. “Lo suficiente para que me de tiempo tomar ese mini chupito de Jameson ahora antes de entrar al parque y luego poder conducir de vuelta. Toma, brindamos,” contestó el Creador.

Brindando por el buen inicio de la aventura.

“ ¡A la salute! Espero que las fotos del internet no sean un engaño….”

Y entramos.

Zobko, el cámara y uno de los personajes más importantes de todo este viaje abrió su ojo omnipotente y empezó a tomar el material para mis diarios.

A pesar de la ducha que caía por encima de los turistas, lo que vimos fue un espectáculo magnífico natural. No lo puedo explicar. Creo que la persona que no estuvo, no lo entenderá. Pero lo intentaré, os lo prometo. Lo que vimos al entrar, no era nada más que una acera rodeada por los árboles, no era más que bajar unos escalones para llegar a la estación de las barcas. Aún así, el color verde de los árboles era diferente al resto de los colores verdes del mundo. Su tono, su atractividad, su carisma… y su olor. Era algo que te llamaba la atención y necesitabas ver más. La niebla que cubría el cielo tan solo apoyaba el suspense y el anhelo de querer ver más, de descubrir las rutas que recorría el indígena que tenía el pelo más brillante que Barbora apenas tendrá un día tras millones de mascarillas. (-Gracias, mi querida maleta por este comentario… – De nada, mi querida Bar.)

¿Conocéis esa sensación en vuestra mente cuando sabéis que estáis en un lugar que seguramente tiene mucho que enseñar, todavía no es lo que esperabáis, pero sentís algo fuerte, en sentido que lo que veis es bonito, pero no es lo que queríais por eso hay que avanzar? No sé si me explico. Es como una decepción muy feliz. Os gusta, pero en vuestra mente circula tan solo una curiosidad gigante de “ ¿cuándo veré lo que había visto en las imágenes?” Es como el primer encuentro en una de esas aplicaciones de citas. La aplicación lo  vendía súper bien, unas fotazas. Pero llegáis a la cita y allí os espera algo que no está mal, es bonito, pero diferente. Siempre hay dos posibilidades: o os levantáis, pagáis la cuenta y para casa o os quedáis con curiosidad a ver si me sorprende. En Plitvice, en la entrada dos, pues, en las barcas decidimos quedarnos pese a la lluvia, pese a la niebla… Por la curiosidad de ver lo que tiene. Porque sea como fuere, también en las películas de suspense, aunque tanto el espectador como el personaje sospechan el problema, sospechan que allí se va a liar parda, el personaje aún así abre la puerta.

Cruzando uno de los lagos en la barca, se ocurrió la primera pregunta. Al bajarse, a la derecha o la izquierda? Al ver el plano del parque, vimos que la mayoría de los lagos estaba a la izquierda, los pequeñitos estaba por allá. ¿Qué hacer? Al final decidimos de seguir la mayoría, pensando que iba a llover todavía más por la tarde, así que veríamos la parte más grande y la pequeña pues quedaría para la otra ocasión, o no. Estábamos seguros de que tampoco íbamos a perder mucho al omitir el lado oscuro derecho. De todas formas, el lado izquierdo también en el cielo prometía mejores comienzos, se iba un poco despejando.

Íbamos avanzando por las carreteras de madera, por las carreteras del bosque, con unas vistas fabulosas, con ese color verde que todo el rato mantenía nuestra atención y que nos guiaba como el astrolabio a Cristobal Colón al descubrir América. En las mentes de mis aventureros sonaba la banda sonora del apache, le daba un toque bastante épico, faltaba tan solo la ropa de los indígenas para darle un toque perfecto. Sin embargo hacía un frío (o quizás no tanto, solo que después de tanta lluvia, nuestros culos estaban congeladísimos), así que ni pensar en los disfraces de mucho estilo. Pero eso sí, sería épico.

Llegamos por encima del lago más grande, con una señal para no cruzar aquella barrera. Pero las prohibiciones causan siempre lo contrario, una tentación de cruzar. Obviamente, Barbora pasó por detrás y os juro que su cara tenía una sonrisa tatuada. Estaba feliz por ver esta producción natural. En su mente imaginaba como sería verlo con el solecito. Se de verdad tendría aquel color turquesa prometido en la aplicación de citas.

No obstante, la suerte era un poco hija de puta y jugaba con los aventureros. Una vez llovía más, otra vez menos y llegó un momento en el vinieron a la estación de los turistas número tres y en ese instante empezaron a llover todas las reservas del agua mundial. Al comer el bocata y tomar otro café, el Creador con su hija estaban mirando cada uno a otro lado, para no ver la decepción, uno del otro. El parque tenía tanto potencial, ¿pero por qué cojones la suerte es así? Barbora casi estaba segura que el padre iba a decir que bastaba para hoy de aventuras. Ella no quería decir nada, ya le hizo un favor de llegar con ella hasta allí, no quería tomarle pelo. Sin embargo, justo en el momento paró en la estación el bús que conectaba todas las estaciones de turistas. Nadie dijo nada, tan solo estaban tomando tragos del café y el papá mientras tanto tomaba caladas de su purrito. Hasta a mí se me temblaba el culo del miedo de que fuera a decir Pa casa.

Do. Not. Underestimate. The. Power. Of. RADKO!

“ ¿Y si bajamos a la primera estación de turistas, vemos desde arriba lo que hay en el lado derecho del parque y ya veremos? Es que tengo curiosidad lo que hay, ya que estamos…”

TOOOOOOOOOOOMA! Esas son las palabras de un aventurero auténtico.

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