No solo el Parque Nacional contenía unos lagos, sino también el aparcamiento. Al bajarse del coche, la pata de Barbora entró en un charco bastante profundo, así que lo único que se escuchaba a las ocho menos cuarto de la mañana, en una naturaleza tan hermosa era: ¡Me cago en la leche! ¡Mierda! Qué idílico…Continue reading “#PlitviceLakes: Pasos detrás de Winnetou, parte uno”