No solo el Parque Nacional contenía unos lagos, sino también el aparcamiento. Al bajarse del coche, la pata de Barbora entró en un charco bastante profundo, así que lo único que se escuchaba a las ocho menos cuarto de la mañana, en una naturaleza tan hermosa era: ¡Me cago en la leche! ¡Mierda!
Qué idílico…
Menos mal, existe la impregnación de los, así que no pasó realmente nada, solo Barbora a veces un poco exagerada.
“¿Cuánto piensas que vamos a tardar en recorrerlo todo?” preguntó con mucha ilusión mi amiga, tomando un trago de café. “Lo suficiente para que me de tiempo tomar ese mini chupito de Jameson ahora antes de entrar al parque y luego poder conducir de vuelta. Toma, brindamos,” contestó el Creador.

“ ¡A la salute! Espero que las fotos del internet no sean un engaño….”
Y entramos.
Zobko, el cámara y uno de los personajes más importantes de todo este viaje abrió su ojo omnipotente y empezó a tomar el material para mis diarios.
A pesar de la ducha que caía por encima de los turistas, lo que vimos fue un espectáculo magnífico natural. No lo puedo explicar. Creo que la persona que no estuvo, no lo entenderá. Pero lo intentaré, os lo prometo. Lo que vimos al entrar, no era nada más que una acera rodeada por los árboles, no era más que bajar unos escalones para llegar a la estación de las barcas. Aún así, el color verde de los árboles era diferente al resto de los colores verdes del mundo. Su tono, su atractividad, su carisma… y su olor. Era algo que te llamaba la atención y necesitabas ver más. La niebla que cubría el cielo tan solo apoyaba el suspense y el anhelo de querer ver más, de descubrir las rutas que recorría el indígena que tenía el pelo más brillante que Barbora apenas tendrá un día tras millones de mascarillas. (-Gracias, mi querida maleta por este comentario… – De nada, mi querida Bar.)
¿Conocéis esa sensación en vuestra mente cuando sabéis que estáis en un lugar que seguramente tiene mucho que enseñar, todavía no es lo que esperabáis, pero sentís algo fuerte, en sentido que lo que veis es bonito, pero no es lo que queríais por eso hay que avanzar? No sé si me explico. Es como una decepción muy feliz. Os gusta, pero en vuestra mente circula tan solo una curiosidad gigante de “ ¿cuándo veré lo que había visto en las imágenes?” Es como el primer encuentro en una de esas aplicaciones de citas. La aplicación lo vendía súper bien, unas fotazas. Pero llegáis a la cita y allí os espera algo que no está mal, es bonito, pero diferente. Siempre hay dos posibilidades: o os levantáis, pagáis la cuenta y para casa o os quedáis con curiosidad a ver si me sorprende. En Plitvice, en la entrada dos, pues, en las barcas decidimos quedarnos pese a la lluvia, pese a la niebla… Por la curiosidad de ver lo que tiene. Porque sea como fuere, también en las películas de suspense, aunque tanto el espectador como el personaje sospechan el problema, sospechan que allí se va a liar parda, el personaje aún así abre la puerta.
Cruzando uno de los lagos en la barca, se ocurrió la primera pregunta. Al bajarse, a la derecha o la izquierda? Al ver el plano del parque, vimos que la mayoría de los lagos estaba a la izquierda, los pequeñitos estaba por allá. ¿Qué hacer? Al final decidimos de seguir la mayoría, pensando que iba a llover todavía más por la tarde, así que veríamos la parte más grande y la pequeña pues quedaría para la otra ocasión, o no. Estábamos seguros de que tampoco íbamos a perder mucho al omitir el lado oscuro derecho. De todas formas, el lado izquierdo también en el cielo prometía mejores comienzos, se iba un poco despejando.
Íbamos avanzando por las carreteras de madera, por las carreteras del bosque, con unas vistas fabulosas, con ese color verde que todo el rato mantenía nuestra atención y que nos guiaba como el astrolabio a Cristobal Colón al descubrir América. En las mentes de mis aventureros sonaba la banda sonora del apache, le daba un toque bastante épico, faltaba tan solo la ropa de los indígenas para darle un toque perfecto. Sin embargo hacía un frío (o quizás no tanto, solo que después de tanta lluvia, nuestros culos estaban congeladísimos), así que ni pensar en los disfraces de mucho estilo. Pero eso sí, sería épico.
Llegamos por encima del lago más grande, con una señal para no cruzar aquella barrera. Pero las prohibiciones causan siempre lo contrario, una tentación de cruzar. Obviamente, Barbora pasó por detrás y os juro que su cara tenía una sonrisa tatuada. Estaba feliz por ver esta producción natural. En su mente imaginaba como sería verlo con el solecito. Se de verdad tendría aquel color turquesa prometido en la aplicación de citas.

No obstante, la suerte era un poco hija de puta y jugaba con los aventureros. Una vez llovía más, otra vez menos y llegó un momento en el vinieron a la estación de los turistas número tres y en ese instante empezaron a llover todas las reservas del agua mundial. Al comer el bocata y tomar otro café, el Creador con su hija estaban mirando cada uno a otro lado, para no ver la decepción, uno del otro. El parque tenía tanto potencial, ¿pero por qué cojones la suerte es así? Barbora casi estaba segura que el padre iba a decir que bastaba para hoy de aventuras. Ella no quería decir nada, ya le hizo un favor de llegar con ella hasta allí, no quería tomarle pelo. Sin embargo, justo en el momento paró en la estación el bús que conectaba todas las estaciones de turistas. Nadie dijo nada, tan solo estaban tomando tragos del café y el papá mientras tanto tomaba caladas de su purrito. Hasta a mí se me temblaba el culo del miedo de que fuera a decir Pa casa.
Do. Not. Underestimate. The. Power. Of. RADKO!
“ ¿Y si bajamos a la primera estación de turistas, vemos desde arriba lo que hay en el lado derecho del parque y ya veremos? Es que tengo curiosidad lo que hay, ya que estamos…”
TOOOOOOOOOOOMA! Esas son las palabras de un aventurero auténtico.




















Great post 😁
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